Resacón en Lisboa

En esta historia estuve a punto de morir, pero gracias a no hacerlo os la puedo contar hoy. Esquivé hábilmente la guadaña varias veces bailando limbo en plan Matrix, y a ritmo de rock.

Como sabéis, en el país de los GPS estoy en busca y captura por quemarlos con mis movimientos impredecibles por la geografía de nuestro planeta. Generalmente, cuando viajo lo hago para darle un respiro a la producción de cerveza del lugar donde resido y para diversificar la carga de aguantar mi gilipollez a la población. También para generar conflictos culturales nuevos, y cosas así.

Lisboa tuvo su etapa de ser uno de mis viajes recurrentes, y un día estando de cañas con mi mejor amigo, decidimos que al día siguiente nos íbamos cuatro días allí por eso de regenerar la producción de cerveza.

Cuando estamos pasando por Badajoz, en una gasolinera me doy cuenta de que me he dejado la cartera en el abrigo que me cambié al salir de casa.

Pues empezamos bien el viaje: indocumentada, sin tarjeta, sin carnet de conducir…

En el hotel lo explicamos y no nos pusieron pegas para entrar, y bueno, el tema de los gastos se dividiría a la vuelta, no pasa nada.

Bien. Comenzamos nuestros días de desfasazo en un hotel de cinco estrellas, bajando al spa con botellas de JB, saliendo de fiesta, pidiendo guarradas al servicio de habitaciones a las 5 de la mañana y dejando a las portuguesas sin bigote de los sustos.

Todo iba bien hasta que sucedió lo que llamaremos “El Incidente”. No voy a dar detalles de lo que sucedió, pero lo dejamos en que mi mejor amigo, la última noche tuvo una reacción  bastante… desagradable conmigo. Desagradable en plan muy mal, hasta tal punto que otro amigo desde Madrid salió a las 4 de la mañana camino de Lisboa para rescatarme de ahí, porque recordemos: no tenía tarjeta y el coche era de mi colega.

Yo estaba sola en la habitación recogiendo mis cosas, vino y me pidió perdón fatal, destrozado, llorando, que por favor no me fuera, que al día siguiente por la tarde nos íbamos juntos, que no pasaba nada. Yo llamé a mi amigo el que salía de Madrid para tranquilizarle y decirle que ya volvía con el otro y no pasaba nada.

Al día siguiente cuando dejamos el hotel, fuimos a comer en un estado de muchísima tensión, yo tenía hasta miedo de él, él quería explicarme muchas cosas, y estaba fatal por lo que había pasado. Después de comer, antes de irnos ya de vuelta, dando un paseo, me dice que por qué no nos quedamos una noche más y lo arreglamos, que eso no podía manchar el viaje, que buscara el hotel que quisiera y que esa noche nos lo íbamos a pasar de puta madre para arreglar lo del día anterior.

Yo accedí porque joder, yo me lo había estado pasando de puta madre y me jodía acabar así.

A través del móvil pillé un hotel MONÍSIMO, súper bonito. Yo toda contenta buscando dónde cenar esa noche y salir y tal, y bueno, cuando subimos a la habitación, EL BAÑO TRANSPARENTE Y EN MEDIO DE LA HABITACIÓN.

De puta madre…

Digo de puta madre porque este chico era hetero, y después de lo que había pasado lo menos apetecible para mí era tener esa invasión de mi intimidad.

Le pedí que se bajara a tomarse un café mientras me daba una ducha y TUVIMOS MOVIDA DE NUEVO.

En fin, como digo, sin más detalles. Pero muy desagradable todo.

Maldije mi gilipollez, y me volví a sentir atrapada, sin poder depender de mí, de mi dinero, de mis cosas.

Me cagué en la puta, pero más o menos la situación se encauzó. Fuimos a cenar y a tomar algo, más o menos bien pero evidentemente no podía tampoco estar todo de puta madre.

Entonces, en ese momento, decidimos ir de after. De after en Portugal. Ehhh no lo hagáis en vuestras casas. No por la fiesta, que estaba muy guay. Pero si vais, no habléis con mujeres.

disco

En el after conocimos a unas tías y como al final de la noche tenía yo un mamoneo importante con una de ellas, pero ella también zorreaba un poco con mi amigo, estábamos de risas y le dijimos que se viniera al hotel con nosotros. Al hotel llegamos como a las 9 y pico de la mañana y empezamos a pedir cervezas a la habitación como si no hubiera un mañana (Y CASI NO LO HUBO) se nos hicieron las 11. La tía era un poco rara, y hacía cosas un poco raras, pero bueno, nosotros metimos el iPad y todo lo de valor en la caja fuerte por si nos sobábamos que no nos robara y listo.

Pues jaja jiji, joder que a las 12 tenemos que dejar el hotel… “buah tronco, llama y pide otra noche”

Pedimos otra noche.

Entonces la tía se lía conmigo, mi amigo quiere un trío, la piba estaba moco, todos moco, mi amigo le dice no sé qué, ella se cabrea conmigo, dice que no se fía de mí, el otro intenta meterle mano  (todo esto hablando con ella en inglés) y dije “mira, basta, encima no me vas a sabotear el polvo” la cojo de la mano y le dije que por favor bajara conmigo a la cafetería a tomar un café.

La tía viene, y le empiezo a contar todo el movidote que tenía con él.

Ella me apoya, me dice que por qué no ha venido mi otro amigo, que salga de ahí, tal cual. Yo le digo que no pasa nada porque no pasaba nada, a ver, era como mi hermano, no iba a pasar nada.

Justo en ese momento mi colega baja a la cafetería hecho un basilisco y me monta el  pollo de la vida delante de todo el mundo, la chica esta le dice que se tranquilice y él se va. No puedo quedarme otra noche con él, ya está la situación súper jodida.

Yo entonces tengo LA IDEA.

Si he podido reservar con la tarjeta de mi amigo por la app, ¿¿por qué no pillo yo una habitación con la numeración de mi tarjeta?? Bingo.

Desde la cafetería del hotel, con todo mi moco, entro a la web de mi banco, copio la numeración de la tarjeta, la meto en la app y hago una reserva de una habitación en el mismo hotel.

Teníais que ver la cara de la tía de recepción cuando llego ya a las 3 o 4 de la tarde con la portuguesa enganchada a la cintura y le digo que tengo una reserva. Y yo “que sí, que sí, que estaba en esa habitación, pero ahora quiero OTRA para mí sola”

Como ya sabía la historia de que no tenía DNI, y con el pollo monumental del otro en la cafetería y todo el lío,  ya no quiso ni discutir y me da la llave de otra habitación.

La portuguesa sube conmigo a recoger mis cosas de la habitación de mi amigo.

Mi amigo cuando me ve recoger las cosas “¿¿PERO DÓNDE VAS??” y yo con una gran sonrisa de hijadeputa yendo a la habitación del final del pasillo arrastrando mi maleta.

Mi colega le empieza a decir a la portuguesa que no tengo dinero y que no me preste dinero. Y la portuguesa “pero si lo ha pagado ella” y el otro ¿¿PERO CÓMO SI NO TIENE TARJETA??”

Ese momento fue divertido xDDD.

Total, la portuguesa y yo estamos follando toda la tarde en mi nueva habitación.

La tía se estaba metiendo no sé qué mierdas, me ofreció y yo ni de coña.

Por la noche, suena el teléfono. Mi amigo. Que se encuentra mal, que está vomitando y con fiebre y que si tiene ansiedad, que tiene mucha ansiedad, que le duele la cabeza y no sé qué.

Y yo: “joder, ya está llamando la puta atención”

Y él: “que es en serio ven a verme, por favor”

Voy a su habitación.

Estaba bastante mal el pobre, la verdad, y yo allí con mi bolsita de medicamentos de viajes. Y nada, ahí se quedó en la habitación sudando la fiebre.

Yo volví con la portuguesa a mi habitación y dormimos un rato.

Cuando me despierto me trae otra cerveza la piba y estamos ahí hablando y liándonos guay en plan esto como de madrugada. Mientras tanto, mi colega seguía bastante regular.

Por la mañana me empiezo a encontrar FATAL pero fatal de ansiedad terrible, taquicardias, sudores helados y dolor de cabeza de cojones.

LA MUY ZORRA nos había intentado drogar para desvalijarnos.

El caso es que por la mañana tiramos para Madrid malísimos los dos gilipollas, con nuestros efectos de a saber qué mierda que nos echara la tipa esta en la birra.

El caso es que sobrevivimos a la muerte, y conseguimos que volviera mi iPad, aunque nuestra amistad no corrió tan buena suerte.

Moraleja: si conocéis portuguesas en afters, NUNCA os las llevéis a vuestro hotel.

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