El guisante pinchado en la patata

Me dispongo a relatar y a dejar plasmada en el mundo blogger para la posteridad, una de las Historias Maestras que conforman el top ten de Liadas Pardas de mi vida. Liadas Pardas, así, con mayúsculas.

Corría el verano de mis tiernos 18 años. Ese año era el primero que me había ido de Jaén a Madrid para salir de fiesta, beber, follar, ir de after, drogarme  empezar la carrera. Cuando terminó el curso, volví unos días a casa de mis padres. PERO CLARO, después de un año entero en Madrid, vuelve tú a Jaén dos semanas en pleno verano. VUELVE TÚ.

Vamos, que quería follar  hablar de cine independiente con alguien, y me vi obligada a sumergirme en las lóbregas aguas del chat de Chueca (aquí va la música de dramatic chipmunk)

Y así, ávida de amor, contacté con una chica, estuvimos hablando por webcam un par de noches y súper maja la tía. Era de mi edad, se llamaba como mi ex (súper importante para imprimir más drama al asunto) simpática, monísima, preciosa, y nada, que quedamos para ese fin de semana.

La tía era de un pueblo de Jaén de cuyo nombre no quiero acordarme. Aunque me acuerdo, creedme que me acuerdo. El puto pueblo estaba A TOMAR POR muy lejos, y cuando digo muy lejos, me refiero a MUY lejos.

Por aquel entonces yo no tenía coche, así que utilicé a ese amigo hetero que todas las bolleras tenemos intentando meternos la picha y arrastrándose de manera infame por nosotras para que me llevara a esa aldea perdida en las montañas. Accedió a llevarme, pero antes fuimos a tomar algo. “Tomar algo” se convirtió en estar desde las 19.00 hasta las 0.00 por ahí haciendo el monguer tomando cerveza o lo que fuera, con lo cual no podía coger el coche. Así que usamos el plan B, que era que un amigo suyo que era taxista me llevara por un módico precio pactado de antemano (vamos, el muy cabrón me sabló igualmente, pero con estilazo)

Yo en el taxi iba ya con un puntillo interesante, además de con un minibotellón que preparé para el camino hacia el amor y me dediqué a poner a parir a este amigo/novio/tíoquemequierefollarynoentiendequemegustanloscoños y cuando digo a parir, me refiero a que le hundí en la más absoluta miseria en las casi dos horas que tardamos en llegar hasta el PutoPuebloInnombrable.

La aldea de mierda estaba aislada en toda la cima de una montaña y tenía una carreterilla chunguísima para llegar, tipo Mêlée Island, pero sin vigía.

El pueblo estaba en fiestas, pero el pueblo era una calle, así que todo el mundo estaba hacinado en EL ÚNICO BAR que había. Mi colega taxista me dice que si me espera, que por si acaso me espera, y yo “NO HACE FALTAAAA, VETEEEE, TÚ LO QUE QUIERES ES COTILLEARRRR” con todo mi moco, así que le eché montaña abajo y llamé a mi súper amor de verano para decirle que ya había llegado.

La chica me dice que baje al bar, que está dentro, y tal, y yo bajo, entro todo digna y triunfal esperando que el tiempo se detuviera mientras nos mirábamos a los ojos, avanzábamos hasta juntar nuestros cuerpos, entrelazar nuestras manos, y bailar pegadas en el centro de un círculo que todos harían al ver la magnanimidad de nuestro amor.

Y en parte, fue así.

La veo, al fondo en la barra. El bar PETADO, voy avanzando mientras nos miramos sonriendo a cámara lenta. Qué chica más mona, pienso. Sigo avanzando, la gente se aparta mientras paso.

La gente se aparta.

Se aparta la gente.

Y se apartan más.

Y llego.

Y la veo.

Y es ENORME.

E-N-O-R-M-E.

GIGANTE.

O SEA, WTF.

¿CÓMO PUEDE ESTAR ESA CARA TAN PEQUEÑITA Y PERFECTA EN UN CUERPO TAN JODIDAMENTE DEFORME? QUE TENÍA HASTA MEDIO CHEPA.

Me quedé helada. (Siento la tentación de meter aquí el chiste de “El hada helada”, pero no lo voy a hacer)

Maldije a mi suerte una vez más y pensé en cómo había echado a patadas al colega taxista.

“Le voy a llamar”

Mierda, no tengo su número. Voy a llamar a mi colega.

JÁ. El MUY cabrón del taxista no había perdido el tiempo y ya le había contado a mi colega que me había puesto en plan hijaputa con él, así que mi amigo/novio estaba mosca y no me daba el número ni me hablaba. ATRAPADA en la aldea con una PATATA con cabeza de GUISANTE hasta el día siguiente que salieran buses.

Imaginad una patata mugrienta, deforme, gordaca, y un guisante lisito, pequeño, turgente, brillante, pinchado en ella. Así era.

Pues nada, se está quedando buena noche.

Me quedo sin batería. Si el Guisante Pinchado en la Patata decide violarme, no puedo pedir ayuda.

Esquivo bien el primer intento de meterme mano. Pero me tengo que quedar EN SU CASA. EN SU CAMA. CON SUS PADRES. CON SU ABUELA.

MADRE MÍA.

Me quería acostar en el suelo con la excusa de “tengo calor” pero no coló, la PATATA con cabeza de GUISANTE me obligó a tumbarme en su putacama. Bien. No pasa nada, qué son, ¿tres, cuatro horas hasta que salga el primer bus? Meh. Soy una superviviente, esto está hecho.

Yo estaba en el filo de la cama y la tía no parecía entenderlo porque SE ME PEGABA y me acariciaba la espalda como a un gatico. Yo seguía pensando en cómo era posible que estuviera tan tan tan tan TAN gordísima y fuera tan deforme y tuviera esa cara.  Y noto besitos en la nuca. Y

Gato bufado.png

DIOS MÍO.

El canto del gallo anunciaba mi salvación. Nunca me he alegrado tanto de ver la luz del día.

“Voy a coger el bus”

“Hoy no hay buses por las fiestas, hasta el lunes no hay”

¿¿¿¿¿QUÉ QUÉ??????

Y yo sin batería.

Era yo muy pequeña por aquel entonces para tener tan mal karma, joder.

“Pero no te preocupes, que mi hermana y su novio van a Jaén esta tarde y te pueden llevar”

Uf, qué susto.

“Vendrán en dos horas o así”

Joder. Bueno. Algo es algo.

“Mientras desayunamos”

Pf. Pues ni putas ganas, pero bueno.

La madre, el padre, la abuela, las vecinas, y su puta madre en el salón. HACIÉNDOME PREGUNTAS y diciéndome que me quedara a comer.

ESTAMPA ALMODOVARIANA.

Yo rascándome la espalda con mi propia ceja de lo arqueada que la tenía.

DOS HORAS ASÍ.

Y llegó la hermana, que era una CHONI. Y cuando digo CHONI, me refiero a que no existe nivel de barriobajerismo capaz de definirla. Con su novio CANI ReXhULóN con su colgante de Dolce&Gabanna y su coche amarillo tuneado.

Resumiendo: volví en un coche amarillo tuneado a mi puta casa.

La conversación en el coche MEJOR NI RECORDARLA. Fue muy “yO nAcí Perrah pORquE zORRAh ya había MuCHah” “Ke EhTuDiAH TeLeCoQuéhESO”

Tras la odisea sufrida, tuve que aguantar el broncón monumental de mi madre por haberme pasado 24h fuera de casa sin dar señales de vida, sin móvil, y llegando en un coche amarillo tuneado con dos poligoneros.

Tras la odisea sufrida, tuve que aguantar el broncón monumental de mi colega por haberle contado al taxista cotilla cosas muy tristes suyas. (pero bueno, eso se lo merecía)

Tras la odisea sufrida, no he aprendido y he seguido repitiendo mis citas frikis durante muchos años y pienso seguir haciéndolo.

Sé que siempre he sido así, que no tengo remedio, ni lo quiero tener

Nunca más volví a saber nada de El Guisante Pinchado en la Patata.

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