La pigmea alcohólica

A veces en la vida tenemos que pasar por etapas que no son ni mucho menos agradables, pero que son bastante enriquecedoras y de las que podemos extraer buenas lecciones.

En este caso, yo aprendí a… No sé, cosas como abrir puertas casi desnuda y algo de repostería. Pero bueno, no me adelanto.

La proliferación de la tecnología pone a nuestro alcance muchos medios para poder dar rienda suelta a toda nuestra locacoñez y compartirla con muchas más personas, porque estar jodidamente pirada y guardártelo todo para ti no es nada solidario. Hay que compartir, claro que sí.

Aquella tarde de sábado, yo buscaba un polvo. Algo rapidito, quedar, tomar algo, que me comieran el coño hasta que se me viera el hueso, lo típico. Y luego nada, darme una ducha y dormir como dios.

Pero con las tías no funciona así, o al menos no TAN así. Normalmente hay que hablar. Hablar, hacerlas reír, hacerlas sentirse comprendidas, hacer que vean en ti cosas muy buenas, ponerlas perras por supuesto (esa es la parte que menos me importa hacer)

Debido a lo cual la mayoría de las veces acabo cerrando la aplicación de ligue, poniéndole el arnés a la almohada con el dildo más tocho que tenga, poner música de rodeo y dejarme llevar.

El resto es igual: ducha y dormir como dios. Y te ahorras todo lo demás.

No está mal, pero vamos, ese día es que yo quería unas buenas tetas y una lengua de verdad, y puse a dios por testigo de que recorrería perfil a perfil, por toda la geografía española encontrando unas bragas que bajar. Aunque tuviera que coger el coche y conducir más de 4 horas, daba igual. Obviamente saltando a mis exs, a tuiteras locas y a perfiles con la foto de Adèle.

Esa tarde hablé con bastantes chicas, la mayoría no sé si estarían buscando el amor eterno, pero desde luego un polvo de buen rollito sí que no.  Y no es que yo les escribiera en plan desesperado ni nada, pero que no. Pasé por todos los tipos de perfiles habidos y por haber…pero nada. Que no.

Entonces, me escribió una chica sin foto de perfil. Y de un rollo muy yo. Lo primero que pensé fue que era una jodida/o tuitera/o que quería tocarme un poco las pelotas y a los que a veces yo sigo el rollo solo por la gracia de a ver hasta dónde llegan las/os muy gilipollas. El caso es que le contestaba y tal, y bien, pero sin hacerle demasiado caso, no me terminaba de fiar. Me caía bien, pero meh.

Sin foto de perfil y sus características: 141cm y 40kg

Y yo pensaba: “esta es la típica que ni se toma la molestia de rellenar bien sus datos, será porque lo único que quiere es echar un polvo, como yo”

Pero nada, no parecía algo que pudiera materializarse.

Obviamente esa tarde acabé dejando el móvil en la mesa y atando el  dildo doble con cinta aislante a la almohada. La ducha me la di, pero dormí regular.

El domingo tenía miles de mensajes de chicas que querían continuar las conversaciones que yo había iniciado con el único propósito de que me comieran el coño, y que obviamente  una vez me había follado brutalmente a mi almohada, me importaban una mierda.

Pero esta chica sin foto de perfil continuaba la conversación en una línea que me gustó. O sea, la tía parecía interesante y me hacía gracia.

Bueno, le contestaba y tal, pero meh.

Yo es que tampoco estaba en un buen momento, y me daba muchísima pereza todo. Quería que me follaran y me acariciaran la espaldita, pero sin hablar.

Los siguientes días ya no tenía mucho tiemp0 para estar mamoneando, pero algún mensaje caía, y la tía sin foto de perfil me iba seduciendo poco a poco.

Yo soy muy así, y como el físico me la suda bastante, el tema de la foto me la pelaba bastante. Sobre todo cuando nos dimos los teléfonos y me llamó.

Una chica muy agradable, nos entendíamos guay, muchas risas, hablamos un buen rato. Casi 2 horas, y ya le dije “a ver. A VER. Pero en lugar de estar aquí hablando por teléfono por qué no hablamos con unas cañas” y ella “sí, pero yo hoy no puedo salir porque mañana tengo que ir a nosedónde y tal, por qué no te vienes a mi casa”

Vale, pues voy.

Le digo “voy a ir con todos mis cojones sin ver una foto tuya ni nada y con tus medidas mal puestas”

Y ella: “mis medidas están bien”

Y yo “sí, claro, que no mides ni metro y medio”

Y ella: “te lo prometo”

Y yo… “jajajaja”

Nos habíamos vacilado tanto que pensaba que era coña.

Compré una botella de ron y coca-cola para tomar algo allí con ella, y algo de picar, y para su casa que voy.

Bueno.

Llego, llamo al timbre y se abre la puerta.

La puerta parecía que se abría sola, porque en mi línea de visión no había nadie.

Descendiendo la mirada, veo a una chica de efectivamente, ni metro y medio, COMPLETAMENTE EN PELOTAS (bueno, llevaba bragas y un trapo de cocina en el hombro)

Pues la tía enana en bragas con trapo de cocina en el hombro me invita a pasar, yo con la ceja arqueada rozando los anillos de Saturno. Mi primera intención en esa situación hubiera sido comerle la boca sin decirle ni hola y follármela, pero claro, lo del trapo no me gustó nada.

Tenía todas las luces de casa apagadas, y todo lleno de velas, el salón iluminado por velas, todo iluminado por velas menos la cocina.

Yo la seguía por el pasillo sintiéndome el Doctor Livingstone de expedición nocturna guiada por las tribus de las selvas ecuatoriales africanas.

Me dice que le de un momento, que es que está cocinando y va hacia el horno, y lo abre, para lo cual no tenía ni que agacharse. Supongo que para ella la puerta del horno sería como para cualquiera la puerta de una fortaleza de castillo.

Saca la bandeja de horno que en sus manos parecía GIGANTE llena de… una especie de pastelillos.

Yo contemplo la escena y le digo que me voy a poner una copa (para poder soportar lo kafkiano de la situación)

Le digo que si le pongo una y me dice que no.

Mientras yo me tomo la copa, ella sigue en bragas preparando 300 platos distintos en la cocina, metiendo cosas en tuppers… Me dice que ya acaba, que es que al día siguiente iba a nosedónde, un tipo camping o algo así.

Me iba contando movidas y me invita a comer pastelillos. Yo le digo que no, que no como nada dulce, y ella que sí que sí, que joder, que tanta vida fitness de qué, y yo si no es por el fitness es porque lo dulce no me hace gracia, dame una pizza y ni debatimos, pero pastelillos de mierda no.

Y me dice “pues será que las copas no tienen azúcar”

Y yo “pues sí, pero es algo que me apetece y es un día”

Y ella “pues las putas copas”

Y yo “que sí, que sí, si tienes razón, pero que joder, es un sábado de relajarme y tomarme un par de copas y ya, coño”

Y ella “pues los pastelillos son menos malos que esa mierda”

La miré desde arriba con ganas de hundirle la cabeza en la bandeja de pastelillos, y creo que lo pilló.

A ver, la conversación con ella no estaba mal, pero pf. Que el físico no me importa, pero no sé, era raro, no era nada mi tipo. A mí me suelen gustar las chicas gorditas, y esta mujer es que era un esqueleto andante.

Termina de preparar todo y nos vamos al salón.

Yo me pongo otro copazo.

Vuelvo a decirle “¿no te pongo una copa?”

Y ella “no, no”

Seguimos hablando y ella empieza a decirme que sabía que podría abrirme la puerta de ese modo y que yo actuaría con normalidad.

Y yo a ver, es tu casa, abre como quieras. Le tenía que haber comentado que lo del trapo de cocina en el hombro no me hizo mucha gracia, pero bueno, la perdoné.

En realidad teníamos algunos aspectos en común en la manera de pensar, y la situación no estaba mal, picoteábamos, musiquita, ella era medianamente divertida, se podía hablar, y en un momento dado nos miramos y nos empezamos a comer la boca (yo pensé mira, será pigmea, pero ya total, ya que hemos venido hasta aquí pues vamos a jugar)

De repente para y me dice que es que no puede estarme besando si tengo sabor a alcohol.

Y yo ?¿?

Entonces me cuenta que ha sido alcohólica.

Y yo pensando “madremía pues con buena has ido a dar”

Le dije que se esperara un segundo, que iba a ponerme hielo en la copa para que me contara.

Y nada, me estuvo contando cosas muy chungas, y me suelta “pues tú deberías tener cuidado”

Y yo claro, no iba a discutir, yo le daba la razón en todo.

Yo no estaba borracha ni nada, pero ella con su discurso de AA. Me decía “prueba a no beber durante un día” y yo… “a ver, yo estoy meses enteros sin probar ni una gota de alcohol y no me pasa nada, pero si me apetece tomar algo un puto sábado tampoco es nada malo”

Me saca unos libros y me empieza a mandar mazo de información al móvil sobre AA.

Yo decido ponerme otra copa, porque vaya agobio.

Ella sigue contándome movidas chungas.

Historias muy jodidas.

Mientras la escuchaba, a mí se me ocurre que el sabor a alcohol en el coño no se nota.

Eso fue una gran idea.

Para celebrarlo, fui a ponerme otra copa.

Y bueno, la noche había avanzado mucho, la pigmea y yo yacíamos en el sofá, su cabeza junto a la mía y sus piernas completamente estiradas llegando casi a mis rodillas.

Al día siguiente, cuando llego a casa, veo que me ha dejado en el bolso una estampita de AA, tarjetas de AA, y una hojita donde ponía una especie de mandamientos para conseguir evitar beber durante todo un día.

Me montó un drama de tres pares de cojones a los dos días y tuve que cortar nuestra corta pero intensa amistad.

Una pena, podría haber tenido pastelillos siempre que quisiera.