Juzga, ¡es gratis!

Cómo nos gustan las cosas gratis, eh.

Que vas a cualquier mostrador y tienen caramelos y COGES UN PUÑADO, que son gratis.

Que vas a un hotel y te llevas todas las esponjillas lustra-zapatos que JAMÁS utilizarás porque llevas Converse y chanclas, pero SON GRATIS.

Que vas tú a hacer la compra a Carrefour con tus hijos para alimentarles de las muestras de jamón y quesos y tú te haces una cata de vinos en vasos de chupito de plástico. Así, POR LA CARA.

Da igual que la cola que haya que hacer de la vuelta a toda la manzana si lo que se da al otro lado ES GRATIS.

Y la segunda unidad ¡GRATIS!*

(*después de haberte cobrado al triple de su precio habitual la primera)

¡Oh! Salir de casa y pasar por El Corte Inglés a echarte una colonia cara de los probadores de colonias, que probablemente esté rancia que flipas, pero NO IMPORTA porque ES GRATIS.

¿Sabéis lo que también es gratis? EXACTO, juzgar.

Y para eso no hay colas ni largas esperas, puedes hacerlo en cualquier circunstancia, tiempo y lugar, y con quien te de la gana.

Emitir juicios de valor sobre algo que desconocemos acerca de otras personas nos encanta. Señalar y dar nuestra visión moralista, o de cualquier otro tipo, nos fascina.

Y en ocasiones, nos pasamos. Y nos equivocamos de manera estrepitosa.

No somos capaces de pararnos a pensar en los motivos que llevan a una persona a comportarse de uno u otro modo, o a estar de esta o de aquella manera. O por qué está diciendo algo, o por qué no lo dice. No solamente se trata de empatía, se trata de inteligencia emocional en general, parafraseando a Goleman:

“De todas las dimensiones que componen la Inteligencia Emocional, la empatía es la más fácil de reconocer”

Y no carecemos de las herramientas intelectuales para ello (bueno, algunos sí) pero no las sabemos utilizar, o no queremos, directamente. Porque es más sencillo que sea nuestra  percepción de las cosas la que acabe componiendo nuestra realidad. Pero, ¿es esta la realidad?

¿Sabes si tu compañero de trabajo, al que juzgas por tener muy mal carácter está teniendo algún tipo de problema personal y tu desprecio no hace más que mermar su mejora?

¿Sabes si la chica que juzgas por entrar “nueva” al gimnasio con unos kilos de más ha pasado la peor etapa de su vida y unos meses antes era la mejor en su disciplina?

¿Sabes si un comportamiento extremo de alguien está viniendo determinado por un momento familiar delicado, y la estás tachando de cualquier tipo de cosa horrible?

Somos lo que queremos mostrar, es cierto. Pero también tenemos una pasmosa facilidad para hacer una interpretación absolutamente carente de empatía y sentenciar al que tenemos enfrente por cualquier acción, palabra u omisión. (Que eclesiástico ha sonado eso)

Las redes sociales contribuyen en buena parte a fomentar estas actitudes pues, generalmente, ni conocemos personalmente a las personas con quienes interactuamos. Se tiende con suma facilidad a la idealización o al desprecio, y al juicio rápido (positivo o negativo)

Quizás también porque tenemos a nuestro alcance demasiados medios para difundir “falsa información” o “información con filtro Inkwell”

Por ejemplo, pensando en un juicio positivo, nuestra interpretación sobre la foto sonriente de una persona en un viaje MEGAGUAY a Uzbekistán es que la vida de esa persona es muy guay, porque eso quiere mostrar, pero no sabemos si se está arruinando por ir allí, o si es un puto decorado del centro comercial de su pueblo, ni como es su vida, cómo es su realidad, como es su mundo interior.

Pero la gente SE ANSÍA emitiendo juicios positivos, se genera verdadera ansiedad en las personas por ver lo que hace ratita47, el viaje de cieloazul1991 y la vida amorosa maravillosa y lo enamoradas que están brokenjart_6 y maktub89.

¿En serio os tragáis semejante BAZOFIA?

Me deprime muchísimo ver estas actitudes en la gente.

Qué ansia por las vidas ajenas, qué esclavitud por opinar y por que opinen sobre nosotros. Qué triste y vacua debe ser la existencia de una persona para alimentar su felicidad de eso.

En realidad, nos estamos saboteando a nosotros mismos, dejándonos llevar por los hologramas de una percepción entre lo simbólico y lo onírico.

El mundo está lleno de personas calcadas, exactamente iguales, pero que a su vez ellas mismas se creen lo más especial del mundo. Y no son más que clones unos de otros, no hay nada que les distinga, ni siquiera en la manera de vestir, o de hablar. Esto forma parte del concepto de Sociedad Líquida de Bauman, pero bueno, que me estoy desviando un poco.

Lo que quiero decir con todo esto es que juzgar, en cualquier sentido, nos convierte en esclavos de nosotros mismos, ser categóricos con personas que ni conocemos (o incluso que conocemos) solamente deja entrever un gran vacío interior.

De alma y de cerebro, las dos cosas.

Yo, por si acaso, voy a irme buscando un buen abogado…

 

 

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