Esclavos de la opinión

Os jodéis, que hoy me apetece jugar a ser Bucay.

Bueno, una mezcla entre eso y Alaska cantando “A quién le importa”

Últimamente, en mi entorno, han acaecido ciertos sucesos que me han hecho reflexionar sobre el valor que damos a las opiniones que los demás tienen sobre nosotros.

Realmente me apena ver a gente pasándolo mal solamente por lo que otros piensan; otros que, en muchas ocasiones, son auténticos desconocidos.

Opiniones capaces de sesgar la propia voluntad, los actos, con el poder de condicionar a las personas y limitar sus vidas. Vivimos esclavizados por el permanente escrutinio de cuantos nos rodean, sometidos a la tiranía del “qué dirán”, subyugados a los “likes” de la cena de Instagram y a los comentarios sobre nuestra foto posando en el espejo del baño.

Pero no podemos vivir siempre pendientes de “qué opinan de nosotros”, en general,  porque en algún momento de la vida tienes que aprender que no puedes agradar a todo el mundo. No, no puedes, asúmelo cuanto antes. A todo el mundo no le haces gracia, todo el mundo no te ve guapo, todo el mundo no piensa que eres brillante. Alguien te verá un palurdo graciosillo al que tu humor le toca bastante las pelotas, otros te verán feo de cojones y algunos pensarán que eres más tonto que las piedras.

La gente que trata de agradar a todo el mundo a mí me cae fatal, así que, ¿ves? ya no le caes bien a todo el mundo.

Por otro lado, y lo que yo creo que es lo más importante de todo: ¿de quién proviene la opinión y en qué circunstancias? 

Poniéndome yo misma como ejemplo, las opiniones sobre mí deben ser de lo más variadito. A saber:

Si preguntáis por mí en los bares donde salgo de fiesta, os dirán que soy una loca borracha que se agarra unos pedos de la hostia de lunes a domingo y que da puto asco. Mi reacción ante eso es que a mí me la suda bastante lo que piensen cuatro camareras que a mí no me conocen de nada, y que no tienen nada que ver en mi vida. Es decir, yo no tengo que estar preocupándome por la imagen que doy en un bar al que voy a desfasar y liarla lo que me de la gana; no voy a disertar sobre literatura contemporánea del siglo XX (bueno, igual sí, pero para intentar usar a Hemingway para ligar entre balbuceos, seguramente). Pero no estoy en mi curro, no tengo ninguna responsabilidad ahí, y es mi manera de pasármelo bien. ¿Qué coño más me da lo que una persona que me ve de fiesta piense de mí? Yo sé quién soy yo, y lo que es mi vida fuera de ahí. Y eso es lo que tengo en cuenta.

Del mismo modo, si preguntas en mi gimnasio, te dirán que soy una tía disciplinada, sana, que le echo huevos a todo, una cachonda, que no me callo ni debajo de las piedras…  Pero, ¿y si les preguntas a mis excompañeros de la universidad? Te dirán que soy una chica muy calladita, muy tímida y que voy muy a mi bola.

De lo que opinan en Twitter no vamos a hablar mejor.

Con esto, lo que quiero decir, es que las opiniones que tienen de nosotros son lo que mostramos, pero pueden ser percepciones meramente circunstanciales.

Yo no soy callada, ni soy tímida, pero pasé unos años de mierda, y no estaba para estar súper feliz con los compañeros de clase, ¿por qué tendría que sentirme mal por la imagen que podía dar de ser antisocial? Me la suda, yo sé que no lo soy, y eso me basta.

Lo verdaderamente importante es quién eres tú en realidad, eso lo sabes tú, y lo tienes que valorar solamente tú (esto parece una canción de Pablo Alborán). Lo que no te guste a ti, lo puedes cambiar. Pero POR TI, no por lo que otros piensen, o consideren que a su juicio es lo correcto.

Además, es que no tiene mucho sentido pedir una opinión a alguien que tiene una forma de pensar diametralmente opuesta a la tuya. Si yo me voy al Club de las Mujeres Homófobas Enamoradizas y Abstemias seguro que se vuelven locas diciendo que soy el Anticristo.

Bueno, creo que eso realmente me pasa con todo el mundo, pero me habéis entendido.

Que si tú eres una fiestera folladora y te juntas con cuatro pardas vírgenes a los 30, pues qué quieres que opinen… te mirarán de soslayo con sus tazas de Hello Kitty llenas de agua mineral mientras tú te bebes tu tercer copazo, y te dirán: “jo, tía, cómo te pasas, madre mía, tu vida es horrible”

Pues sí, me paso la hostia,  y porque no tengo más tiempo para seguirme pasando.

Sin embargo, si eso mismo lo haces con tus amigos que son peores que tú, te dirán: “joder, maldita maricona, ¿esa es tu tercera? Yo ya voy por el séptimo cubata”

Pues así con todo. Hay también que intentar rodearse de gente afín, coño.

Aparte de todo, la gente es que tiene muchísima necesidad de ir por la vida de abanderada de LO CORRECTO, dando lecciones de moral y llevando tatuadas en el pecho los tipos de conductas que ellos consideran adecuadas simplemente porque tu vida no es una balsa de aceite, por ejemplo.

Yo también podría criticar las vidas “perfectas”, porque desde mi punto de vista son un puto coñazo, pero no intento corregir ese estilo de vida solamente porque yo piense que están desperdiciando cada uno de los días que viven.

Con todo esto no quiero decir que se tengan que despreciar las opiniones de los demás de manera categórica e inapelable, solo que pienso que, antes de sentirse mal por una opinión, se valore el origen y, sobre todo, que se anteponga el conocimiento de uno mismo, el saber quién eres.

No dejes de ser tú para agradar a los demás, no dejes de hacer lo que te apetece por lo que otros piensan. No supedites tu felicidad a lo que nadie pueda opinar.

Una opinión infundada nunca te hará daño si te conoces y te sientes bien contigo, si eres consciente de dónde vienes y hacia dónde encaminas tus pasos.

Conclusión: si la gente te señala, te apunta con el dedo, susurra a tus espaldas, que te coma mucho el coño.

 

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Resacón en Lisboa

En esta historia estuve a punto de morir, pero gracias a no hacerlo os la puedo contar hoy. Esquivé hábilmente la guadaña varias veces bailando limbo en plan Matrix, y a ritmo de rock.

Como sabéis, en el país de los GPS estoy en busca y captura por quemarlos con mis movimientos impredecibles por la geografía de nuestro planeta. Generalmente, cuando viajo lo hago para darle un respiro a la producción de cerveza del lugar donde resido y para diversificar la carga de aguantar mi gilipollez a la población. También para generar conflictos culturales nuevos, y cosas así.

Lisboa tuvo su etapa de ser uno de mis viajes recurrentes, y un día estando de cañas con mi mejor amigo, decidimos que al día siguiente nos íbamos cuatro días allí por eso de regenerar la producción de cerveza.

Cuando estamos pasando por Badajoz, en una gasolinera me doy cuenta de que me he dejado la cartera en el abrigo que me cambié al salir de casa.

Pues empezamos bien el viaje: indocumentada, sin tarjeta, sin carnet de conducir…

En el hotel lo explicamos y no nos pusieron pegas para entrar, y bueno, el tema de los gastos se dividiría a la vuelta, no pasa nada.

Bien. Comenzamos nuestros días de desfasazo en un hotel de cinco estrellas, bajando al spa con botellas de JB, saliendo de fiesta, pidiendo guarradas al servicio de habitaciones a las 5 de la mañana y dejando a las portuguesas sin bigote de los sustos.

Todo iba bien hasta que sucedió lo que llamaremos “El Incidente”. No voy a dar detalles de lo que sucedió, pero lo dejamos en que mi mejor amigo, la última noche tuvo una reacción  bastante… desagradable conmigo. Desagradable en plan muy mal, hasta tal punto que otro amigo desde Madrid salió a las 4 de la mañana camino de Lisboa para rescatarme de ahí, porque recordemos: no tenía tarjeta y el coche era de mi colega.

Yo estaba sola en la habitación recogiendo mis cosas, vino y me pidió perdón fatal, destrozado, llorando, que por favor no me fuera, que al día siguiente por la tarde nos íbamos juntos, que no pasaba nada. Yo llamé a mi amigo el que salía de Madrid para tranquilizarle y decirle que ya volvía con el otro y no pasaba nada.

Al día siguiente cuando dejamos el hotel, fuimos a comer en un estado de muchísima tensión, yo tenía hasta miedo de él, él quería explicarme muchas cosas, y estaba fatal por lo que había pasado. Después de comer, antes de irnos ya de vuelta, dando un paseo, me dice que por qué no nos quedamos una noche más y lo arreglamos, que eso no podía manchar el viaje, que buscara el hotel que quisiera y que esa noche nos lo íbamos a pasar de puta madre para arreglar lo del día anterior.

Yo accedí porque joder, yo me lo había estado pasando de puta madre y me jodía acabar así.

A través del móvil pillé un hotel MONÍSIMO, súper bonito. Yo toda contenta buscando dónde cenar esa noche y salir y tal, y bueno, cuando subimos a la habitación, EL BAÑO TRANSPARENTE Y EN MEDIO DE LA HABITACIÓN.

De puta madre…

Digo de puta madre porque este chico era hetero, y después de lo que había pasado lo menos apetecible para mí era tener esa invasión de mi intimidad.

Le pedí que se bajara a tomarse un café mientras me daba una ducha y TUVIMOS MOVIDA DE NUEVO.

En fin, como digo, sin más detalles. Pero muy desagradable todo.

Maldije mi gilipollez, y me volví a sentir atrapada, sin poder depender de mí, de mi dinero, de mis cosas.

Me cagué en la puta, pero más o menos la situación se encauzó. Fuimos a cenar y a tomar algo, más o menos bien pero evidentemente no podía tampoco estar todo de puta madre.

Entonces, en ese momento, decidimos ir de after. De after en Portugal. Ehhh no lo hagáis en vuestras casas. No por la fiesta, que estaba muy guay. Pero si vais, no habléis con mujeres.

disco

En el after conocimos a unas tías y como al final de la noche tenía yo un mamoneo importante con una de ellas, pero ella también zorreaba un poco con mi amigo, estábamos de risas y le dijimos que se viniera al hotel con nosotros. Al hotel llegamos como a las 9 y pico de la mañana y empezamos a pedir cervezas a la habitación como si no hubiera un mañana (Y CASI NO LO HUBO) se nos hicieron las 11. La tía era un poco rara, y hacía cosas un poco raras, pero bueno, nosotros metimos el iPad y todo lo de valor en la caja fuerte por si nos sobábamos que no nos robara y listo.

Pues jaja jiji, joder que a las 12 tenemos que dejar el hotel… “buah tronco, llama y pide otra noche”

Pedimos otra noche.

Entonces la tía se lía conmigo, mi amigo quiere un trío, la piba estaba moco, todos moco, mi amigo le dice no sé qué, ella se cabrea conmigo, dice que no se fía de mí, el otro intenta meterle mano  (todo esto hablando con ella en inglés) y dije “mira, basta, encima no me vas a sabotear el polvo” la cojo de la mano y le dije que por favor bajara conmigo a la cafetería a tomar un café.

La tía viene, y le empiezo a contar todo el movidote que tenía con él.

Ella me apoya, me dice que por qué no ha venido mi otro amigo, que salga de ahí, tal cual. Yo le digo que no pasa nada porque no pasaba nada, a ver, era como mi hermano, no iba a pasar nada.

Justo en ese momento mi colega baja a la cafetería hecho un basilisco y me monta el  pollo de la vida delante de todo el mundo, la chica esta le dice que se tranquilice y él se va. No puedo quedarme otra noche con él, ya está la situación súper jodida.

Yo entonces tengo LA IDEA.

Si he podido reservar con la tarjeta de mi amigo por la app, ¿¿por qué no pillo yo una habitación con la numeración de mi tarjeta?? Bingo.

Desde la cafetería del hotel, con todo mi moco, entro a la web de mi banco, copio la numeración de la tarjeta, la meto en la app y hago una reserva de una habitación en el mismo hotel.

Teníais que ver la cara de la tía de recepción cuando llego ya a las 3 o 4 de la tarde con la portuguesa enganchada a la cintura y le digo que tengo una reserva. Y yo “que sí, que sí, que estaba en esa habitación, pero ahora quiero OTRA para mí sola”

Como ya sabía la historia de que no tenía DNI, y con el pollo monumental del otro en la cafetería y todo el lío,  ya no quiso ni discutir y me da la llave de otra habitación.

La portuguesa sube conmigo a recoger mis cosas de la habitación de mi amigo.

Mi amigo cuando me ve recoger las cosas “¿¿PERO DÓNDE VAS??” y yo con una gran sonrisa de hijadeputa yendo a la habitación del final del pasillo arrastrando mi maleta.

Mi colega le empieza a decir a la portuguesa que no tengo dinero y que no me preste dinero. Y la portuguesa “pero si lo ha pagado ella” y el otro ¿¿PERO CÓMO SI NO TIENE TARJETA??”

Ese momento fue divertido xDDD.

Total, la portuguesa y yo estamos follando toda la tarde en mi nueva habitación.

La tía se estaba metiendo no sé qué mierdas, me ofreció y yo ni de coña.

Por la noche, suena el teléfono. Mi amigo. Que se encuentra mal, que está vomitando y con fiebre y que si tiene ansiedad, que tiene mucha ansiedad, que le duele la cabeza y no sé qué.

Y yo: “joder, ya está llamando la puta atención”

Y él: “que es en serio ven a verme, por favor”

Voy a su habitación.

Estaba bastante mal el pobre, la verdad, y yo allí con mi bolsita de medicamentos de viajes. Y nada, ahí se quedó en la habitación sudando la fiebre.

Yo volví con la portuguesa a mi habitación y dormimos un rato.

Cuando me despierto me trae otra cerveza la piba y estamos ahí hablando y liándonos guay en plan esto como de madrugada. Mientras tanto, mi colega seguía bastante regular.

Por la mañana me empiezo a encontrar FATAL pero fatal de ansiedad terrible, taquicardias, sudores helados y dolor de cabeza de cojones.

LA MUY ZORRA nos había intentado drogar para desvalijarnos.

El caso es que por la mañana tiramos para Madrid malísimos los dos gilipollas, con nuestros efectos de a saber qué mierda que nos echara la tipa esta en la birra.

El caso es que sobrevivimos a la muerte, y conseguimos que volviera mi iPad, aunque nuestra amistad no corrió tan buena suerte.

Moraleja: si conocéis portuguesas en afters, NUNCA os las llevéis a vuestro hotel.

La runner

Al inicio de mi maravillosa nueva vida de soltera tras la ruptura con la que hasta ahora ha sido mi única súper-novia, me dediqué a zorrear todo lo que pude y más. Lo típico, vaya, pero yo es que salí de esa relación como lo haría un gato enfarlopado que ha estado encerrado en una caja durante horas.

Todo eso estaba muy bien mientras lo hacía con la gente que conocía de manera normal, en la calle, en bares, con mis amigas.

Pero, como ya sabéis, una vez me picó una bollera y adquirí el súper-poder de entrar a los chats de bolleras a hacer mucho el maricón y quedar con tías en plan citas a ciegas. Sí, y todo esto DESPUÉS de haber vivido experiencias tan traumáticas como la del Guisante Pinchado en La Patata o La Socorrista.

Llevaba ya años sin hacerlo, así que pensé: “qué mejor que volver a hacerlo ahora, que he dejado a mi novia, que SOY LIBRE, y puedo volver a sentir cómo corre por mis venas LA EMOCIÓN de quedar con frikis”

Ah, sí, maravilloso placer, embriagador escalofrío subiendo por mi espalda. Dulce y seductor riesgo.

Volví a entrar al chat infernal ese después de varios años, y todo seguía igual: infestado de hombres pajilleros haciéndose pasar por chicas, atestado de mujeres hasta el culo de barbitúricos, intensitas, heterocuriosas, gafapastas, culturetas, flipadas, y toda esa habitual faunilla que ya sabemos, y luego yo, ahí, con mi cerveza, sentada frente al monitor.

Coloqué con mimo el teclado, me crují los dedos, respiré hondo y ahí que fui, dispuesta convertir mi dialéctica en ceros y unos, para que apareciera mágicamente en la pantalla de “EL AMOR DE MI VIDA” (de esa noche).

Hablé con varias chicas, hasta que di con la que iba a ser mi súper-amor-verdadero, y disertamos de manera vehemente sobre las Leyes de Mendel durante horas. Sobre las 4am me dijo que se iba a acostar porque a las 6 se levantaba para ir a correr.

La tía me contó que era runner y que iba a no sé qué historias de runners, así que yo, cómo no, me imaginé a una tía deportista, normal, no sé. Yo también hago deporte y no es que tenga un cuerpazo de escándalo, pero claro, todo dentro de unos límites.

Dejándome llevar por mi coño corazón, nos dimos los teléfonos para hablar al día siguiente y tomar algo. La chica eso sí era un encanto, divertida, educada, agradable y tal.

Nos llamamos y quedamos esa noche.

Cómo os cuento…

Yo solo recuerdo que llegué al lugar acordado y había una gorda en la puerta. “No me puede pasar esto otra vez, no va a ser esa, si es runner” no hice amago de acercarme, PORQUE NO PODÍA SER ELLA, aunque estaba en clara actitud de espera. Y LLEVABA LA CHAQUETA DEL COLOR QUE HABÍA DICHO. Tiene que ser coincidencia. La vi intentar buscarme con la mirada y la rehuí en plan: “aún puedo escapar, no sabe que soy yo” Pero no, vino. “Ay, jejeje qué tontas”

Me cago en la puta.

Runner.

Su puta madre.

Bueno, me tomo una caña con ella y ya está. Tampoco pasa nada.

En el bar le digo: “¿te apetece comer algo?” y le paso la carta, la ojea, y me dice: “A mí, menos las ensaladas, me gusta todo” a lo que le solté: “YA SE TE VE jajajaja”

“Pues al final esta mañana me levanté para correr” (Para que no te quitaran el cochinillo más grande de la carnicería, zorra)

Y claro, nos picamos, yo estaba chinada porque la tía me había engañado vilmente y no dejaba de soltarle pullitas. A mí no me importaba que estuviera gorda, lo que me jodía era que me había engañado.

Total, no me preguntéis por qué, pero seguimos las cañas, y un buen rato de cañas. Pero ratazo. Y las cañas fueron copas. Y las copas fueron after hasta las 11:30 de la mañana.

En un momento dado me soltó un: “Yo jamás me acostaría con alguien como tú, y no porque no me gustes” y pensé…”hala, ya la ha liao. ¿¿Que no?? ¿¿¿Cómo que no???”

En el after, al ser un día entre semana, estábamos ella y yo, el camarero porque tenía que estar, y poca cosa más, no había mucha gente. La tía se va al baño y yo me acerco con todo mi moco al camarero y le empiezo a contar a voces que qué putísimo asco quedar con gente a ciegas, que mira lo que me ha pasado, que hay que ver la gente cómo miente por Internet, “RUNNER!!! ME DIJO QUE ERA RUNNER JAJAJAAJAJA” y el camarero pone cara de circunstancias porque la gorda había vuelto y estaba detrás de mí escuchándome.

Yo ya estaba en una actitud “de perdidos al río” total, y dije pues mira, al menos que me folle o algo, yo qué sé. A todo esto, me había intentado comer la boca en un par de ocasiones y las cobras se vieron desde la Estación Espacial Internacional.

En el taxi, me dijo:

“Bueno…hazme lo que quieras, si total, voy a caer igual” (100%materia grasa 0% dignidad)

Y yo pensé: “yo a ti no te voy a hacer nada” pero subimos a mi casa, puse la música a toda hostia, puse mis tradicionales copas a las 12 del mediodía, todo mi habitual cisco post-party y le dije que quería que me follara salvajemente. Esto sin haberle dado ni un beso.

Me la llevo a la cama, le quito los pantalones y le digo que se ponga el arnés, que voy a entrar al baño un segundo. Cuando salgo yo con mis bragas monísimas por cierto, la veo confundida con el arnés, me dice que no sabe ponérselo.

Y cuando se lo voy a poner…

NO LE DABA LA HEBILLA.

Me entró tal ataque de risa de lo bizarra que estaba siendo la noche que fue como la señal de “es hora de dejarlo”  “para esto de una vez”  “basta” “STOP THE MADNESS”

Ella se sintió fatal y yo le dije:  “pero qué te crees, que yo luego esto lo voy contando o algo???”

La invité a irse.

Normal.

Le dije un “ya te llamo” que sonó hasta casi real.

Yo me dediqué a escribirle mails a mi mejor amigo descojonándonos con lo que había pasado (y gracias a esos mails he podido reconstruir ahora las frases míticas y la historia)

Y ella se dedicó a escribirme a mí mensajitos de que la noche había estado muy bien y que qué guay la noche y que a ver si nos veíamos el finde.

Total, yo nunca volví a cogerle el teléfono ni a responderle a nada.

LA GUINDA

Unas semanas más tarde, una chica de mi equipo a la que yo le estaba contando la historia de la friki esta, me dijo “AY HIJA DE PUTA, QUE ERES TÚ LA ZORRA DE LA QUE HABLAN” y resultó que la de mi equipo era coleguita de la mejor amiga de la runner, y estaba jodida porque pasaba de ella.

CONCLUSIONES: 

Conclusión 1: tentar tanto a la suerte NO es bueno.

Conclusión 2: que le abroche el arnés es un requisito muy necesario para poder llegar a tener amor.

Conclusión 3: si tienes que atarle un palo con un filete en la cabeza para que se mueva, no es ella.

Conclusión 4: las citas a ciegas son un riesgo asumible, pero una grave equivocación posible.

Conclusión 5: la gente miente mucho para tener la oportunidad de echar un polvo.

Conclusión 6: al final la culpa es mía por no tener amarres de buque a modo de arnés.

IMPORTANTE y a TENER EN CUENTA: no acabar de after con la gorda hasta las 11:30h. Os puede confundir.

Moraleja: llevad siempre un aparato de esos para hacer agujeros a los cinturones encima.

Mi romance con una planta

¿Alguna vez os habéis acostado con un poto? Yo sí.

Y no, “poto” no es un diminutivo de “potorro”. Los potos, o los Epipremnum aureum, son esas plantas de interior que puedes ir guiando por ahí por tu casa para que trepen, se enreden más que una relación entre dos tías y de las que se dice son purificadoras del aire.

No es que sea yo muy botánicasexual, pero es que nunca se sabe dónde puedes encontrar el amor.

Por simplificar la historia, digamos que por aquel entonces mi grupo de amigas acabó fusionándose con otro, y yo con una de las chicas tenía un rollo muy guay. Cada una hacíamos lo que nos salía del coño, pero teníamos nuestro rollo divertido-sexual. Solíamos salir mucho y yo me llevaba muy bien con su mejor amiga. Era muy callada, pero muy inteligente (mejor conversación que mi rollo de lejos), me llevaba de puta madre con ella. Era más tímida en el sentido zorril, no era la típica boller común… Y lo más importante: era virgen. Vamos, perfecta para mí para joderle la vida  que la espabilara.

No, no. A ver si no spoileo mi propia historia, joder.

El caso es que yo me llevaba muy bien con la virgen mejor amiga de mi rollo, y con otro chico con el que me llevaba GENIAL y que estaba enamorado de la virgen mejor amiga de mi rollo. La chica virgen a mí me contaba que sí, que había guarreado con tíos, pero que nunca había llegado a follárselos, que con tías nada de nada y que NO era lesbiana. Yo al chico le intentaba aconsejar sobre ella, aunque le decía que a mí me daba en el RadarMaestro que era bollera. Y todos “oooh no, es que ella es así, pero bollera no es”

Ok.

De mi rollo empecé a cansarme porque hacía cosas raras, estaba muy obsesionada conmigo pero a la vez le gustaba hasta la china que vendía DVDs en los bares y la veía más falsa e interesada que otra cosa, así que la mandé a volar rapidito. Y no me equivoqué. Pero bueno, seguimos todos de buen rollo, aunque se tensionaron algo las cosas entre los dos grupos “fusionados”.

Sin saber muy bien cómo, empecé a tener un tonteo muy tonto (valga la redundancia) con la virgen-mejor-amiga-de-mi-exrollo-que-no-era-lesbiana. Y sí, vamos, que me la follé.

Como el chico que era mi colega estaba muy encoñado con ella, no dijimos nada.

Un día quedé con él los dos solos para hacernos nuestro tradicional tour de cervezas al mediodía, copas, chupitos y acabar tirados por el suelo de algún after.

Ya avanzada la tarde, me soltó que “se alegraba mucho por lo nuestro”. Y yo “ya te has enterado…” (putas bolleras, es que mira que son cotorras) Y él todo de bajón en plan “sí, pero que no pasa nada, solo que me hubiera gustado que me lo contaras tú” y yo… “pero a ver, que han sido solo dos noches” y él todo moco abrazándome y diciéndome “eres una tía grande, joder”.

El pobre había estado currándoselo años con ella, y llego yo y en unos meses le hago todo el lío a la virgen-que-no-era-bollera.

Entonces, en nuestro moco, empecé a decirle “bueno tío, somos colegas, tú no te quedas sin estar con ella” y él en plan WHAT? Y yo siendo la William Wallace de la amistad entre tíos con mi cerveza en la mano: “que sí, que si yo me la follo tú también” y le dije que la iba a llamar y que estábamos los tres. Él me dijo que guay, que la llamara, pero que ella con él no iba a querer estar. Y yo bueno, tú déjame a mí.

Vino la chica, y estuvimos guay de fiesta. Tan guay que acabamos tomando la última copa en su casa a las 6 de la mañana. Acabamos los tres en su cama de 1,20. Era un ático sin aire acondicionado, pleno verano, y yo después de follar estaba tan agobiada durmiendo con los dos al lado que decidí irme al salón. Mi plan inicial era abrir la puerta de la terraza y tumbarme en el sofá.

Pero entonces, conocí al poto.

Era un poto muy majo que, tras abrir la puerta de la terraza, me invitó a retozar con él en el suelo.

No lo dudé ni un momento, le abracé y me entregué entera a sus hojas de enredadera.

Cuando mis amigos se despertaron, me encontraron en pelotas, tirada en el suelo, abrazada al poto.

Tuve tierra en el chichi durante meses.

Esa mañana, ella me contó que mi exrollo (su superamiga) le había dicho el día anterior que quería “volver” conmigo, que habían discutido y que estaban chinadas.

Además se rayó en plan “me has puesto en una prueba de amor” del tipo “si te mola estar conmigo haces esto por mí” (como si yo la hubiera obligado a algo, sabes)

Yo tenía un resacón de tres pares de cojones, como para dramas de bolleras.

Esta chica, de ser virgen y no-bollera pasó a:

  1. Perder la virginidad conmigo (qué suerte), cosa que le llevaría a perder la amistad con su mejor amiga.
  2. Hacer tríos con sus amigos, con los que perdería la amistad más adelante.
  3. Entrar en un estado de locacoñez tremendo conmigo.
  4. Quedar condenada a barrer tierra de su salón eternamente después de mi encuentro con el poto.

La fusión de los dos grupos empezó a hacer aguas por la devastación que generaron ciertas cosas a raíz de esta mierda, y la cosa no acabó muy bien.

Yo, al final, decidí quedarme con el poto.